Más humedad, lluvias frecuentes, períodos prolongados de mojado y menos ventanas para entrar con una pulverización pueden cambiar por completo la dinámica de una temporada.
Si finalmente esta primavera y verano se presentan bajo condiciones asociadas a un posible Super Niño, creo que hay una palabra que debería ordenar todas las decisiones en el viñedo: anticipación.
No alcanza con pensar solamente en qué producto aplicar si aparece peronóspora o botritis. Hay que mirar la finca completa: por dónde va a circular el agua, cómo están los callejones, qué cobertura tiene el suelo, en qué condiciones están las pulverizadoras, qué capacidad tenemos para reaccionar entre una lluvia y otra y cómo vamos a monitorear.
Porque cuando las condiciones ambientales favorecen a las enfermedades, muchas veces la diferencia no la hace una única aplicación. La hace todo lo que preparamos antes.