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Cerrando el círculo

Para celebrar este próximo Día del Enólogo quiero agradecer a quienes ampliaron mi manera de mirar e interpretar un viñedo.

Mi homenaje, mi agradecimiento

Durante muchos años y hasta hoy, el viñedo ha sido mi espacio de aprendizaje. Yo le llamo mi oficina, mi laboratorio… y podría decir que es mi lugar en el mundo.

Aprendí a observarlo, a interpretarlo, a entender sus tiempos, sus necesidades y sus respuestas. Aprendí que cada planta, cada suelo, cada clima y cada decisión de manejo construyen una historia que después se expresa en la uva.

Y, sobre todo, aprendí a apasionarme por esa posibilidad de comprender un viñedo, acompañar su ciclo vital y llevarlo a su mejor expresión.

Pero hubo un momento en que ese aprendizaje encontró una nueva dimensión.

Fue cuando empecé a trabajar -mano a mano- con los enólogos.

Ellos me ayudaron a completar la mirada: la relación entre ese viñedo que yo observaba, interpretaba y sobre el cual trabajaba a diario, y el vino que podía nacer de él.

Porque entender un viñedo también es proyectar lo que llegará a ser en una copa.

Ahí apareció una conexión que para mí fue fundamental. Las decisiones que tomamos en el campo tienen una consecuencia en la uva y, finalmente, en el vino. Viticultura y enología caminan juntas y fueron los enólogos quienes me enseñaron la importancia de hermanar nuestras miradas. Entenderlas como partes de una misma historia.

Fue entonces cuando sentí que algo se completaba.

Todo aquello que durante años había aprendido en el viñedo adquirió un nuevo sentido. Pensar en el vino que podía crearse a partir de esa viña elevó el propósito de mi tarea cotidiana.

Ahí cerré el círculo. El círculo entre la planta y la copa. Entre la tierra y el vino. Entre lo que hacemos en el viñedo y lo que llega a la mesa.

Por eso, en este Día del Enólogo, quiero reconocer especialmente a quienes ampliaron mi mirada y multiplicaron los aprendizajes. Es un placer degustar con ustedes el fruto de nuestro trabajo compartido.

Son muchos los profesionales que me ayudaron a conectar las partes que todavía estaban sueltas. Y darle un sentido mayor a esta pasión que nos recorre a todos, el amor por la vid y el vino.

Este 7 de septiembre ¡feliz día a todos y cada! ¡Salud!

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