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8 claves para preparar el viñedo ante un posible Super Niño

Más humedad, lluvias frecuentes, períodos prolongados de mojado y menos ventanas para entrar con una pulverización pueden cambiar por completo la dinámica de una temporada.

Si finalmente esta primavera y verano se presentan bajo condiciones asociadas a un posible Super Niño, creo que hay una palabra que debería ordenar todas las decisiones en el viñedo: anticipación.

No alcanza con pensar solamente en qué producto aplicar si aparece peronóspora o botritis. Hay que mirar la finca completa: por dónde va a circular el agua, cómo están los callejones, qué cobertura tiene el suelo, en qué condiciones están las pulverizadoras, qué capacidad tenemos para reaccionar entre una lluvia y otra y cómo vamos a monitorear.

Porque cuando las condiciones ambientales favorecen a las enfermedades, muchas veces la diferencia no la hace una única aplicación. La hace todo lo que preparamos antes.

¿Qué tipo de temporada podríamos tener?

Un escenario con mayor cantidad de días nublados y elevada humedad relativa podría traer varias consecuencias para el manejo del viñedo. Entre ellas, podemos enumerar:

  1. Lluvias frecuentes y eventualmente intensas durante primavera y comienzos del verano;
  2. Noches más templadas;
  3. Períodos más largos de mojado de hojas, brotes y racimos;
  4. Mayor presión de enfermedades;
  5. Menor persistencia de algunos productos por efecto del lavado;
  6. Ventanas de aplicación más reducidas.

Esto significa que probablemente tengamos que monitorear más, registrar mejor y reaccionar más rápido. Y también significa que algunas tareas que pueden parecer secundarias —como acondicionar un callejón o revisar un pluviómetro— pueden terminar siendo fundamentales.

CLAVE I. Antes pensemos por dónde va a circular el agua

Una lluvia intensa no solamente aumenta la humedad del viñedo. También puede generar problemas de escorrentía, erosión e ingreso de agua desde sectores vecinos. Por eso uno de los primeros trabajos que recomiendo es revisar las defensas aluvionales.

Hay que controlar que los bordos de los callejones estén en condiciones y reforzar aquellos sectores donde pueda ingresar agua proveniente de otras fincas o donde pueda concentrarse dentro del propio establecimiento. También es importante limpiar los cauces o ríos secos que atraviesan el viñedo. Palos, restos de poda, escombros o cualquier otro elemento pueden obstruir el paso del agua y transformar rápidamente una lluvia intensa en un problema mayor.

La idea es simple: antes de que llegue el agua, tenemos que saber por dónde queremos que pase.

CLAVE II. Los callejones también manejan agua

Muchas veces pensamos los callejones únicamente como vías para circular con tractores y maquinaria. Sin embargo, en una temporada lluviosa cumplen otra función: pueden convertirse en verdaderas vías de conducción.

Siempre que sea posible, los callejones con orientación Oeste-Este pueden acondicionarse con una leve forma de “V” para favorecer que el agua circule por el centro.

En aquellos que tienen orientación Sur-Norte es importante revisar las pendientes para evitar que el agua pase con velocidad desde un cuadro alto hacia otro ubicado más abajo.

En ambos casos buscamos lo mismo: que el agua circule sin ingresar violentamente en los cuadros. También recomiendo evitar, en la medida de lo posible, el uso de herbicidas en los callejones. Una cobertura vegetal baja, mantenida con desmalezadora, ayuda a disminuir la velocidad del agua y reduce el riesgo de erosión. Este punto cobra todavía mayor importancia en viñedos con pendientes superiores al 0,5 %.

CLAVE III. En el suelo, cuanto menos disturbio innecesario, mejor

Otra recomendación para este tipo de temporada es evitar movimientos de suelo que no sean realmente necesarios. Un suelo desnudo queda mucho más expuesto al impacto de las gotas y a los procesos erosivos.

En el camellón podemos mantener una cobertura manejada con desmalezadora, aproximadamente entre 20 y 30 centímetros de altura. También podemos evaluar verdeos de verano como moa, mijo, cebadilla u otras especies adaptadas a cada finca.

¿Para qué? Principalmente para disminuir erosión y escorrentía. Pero hay otra ventaja que me parece muy importante: en suelos pesados, una cobertura bien manejada puede ayudarnos a entrar antes con el tractor después de una lluvia. Y si tenemos una ventana corta para pulverizar, esa diferencia puede ser decisiva.

 

CLAVE IV. Peronóspora: esta temporada no conviene llegar tarde

Si se combinan humedad alta, temperatura y períodos prolongados de hoja mojada, la peronóspora puede encontrar condiciones muy favorables. Por eso considero importante comenzar temprano con la estrategia preventiva.

Cuando los brotes alcanzan aproximadamente entre 10 y 15 centímetros, puede evaluarse la primera aplicación preventiva utilizando cobre dentro del programa sanitario definido para cada viñedo. Desde ese momento, hay tres datos que deberíamos seguir muy de cerca: lluvia, horas de hoja mojada y fecha de aplicación.

Si después de una curación se registra una lluvia superior a aproximadamente 15 milímetros, habrá que analizar el riesgo de lavado según el producto utilizado.

Si no se alcanza ese volumen, la repetición de la aplicación deberá definirse principalmente por el poder residual correspondiente.

Durante plena floración —que podría coincidir con una segunda o tercera curación— también será importante evaluar técnicamente la utilización de productos sistémicos y curativos registrados para peronóspora.

El objetivo no es aplicar más porque sí. El objetivo es llegar protegidos a los momentos de mayor riesgo.

CLAVE V. Botritis: el racimo necesita otra mirada

Con botritis, uno de los momentos a considerar es el período previo al cierre de racimo. Dependiendo de la zona y la variedad, esta etapa puede darse aproximadamente entre mediados y fines de diciembre. En ese momento puede ser recomendable una aplicación preventiva dentro del programa sanitario de la finca.

Más adelante, si febrero llega con lluvias frecuentes y condiciones de alta humedad, también podemos evaluar un deshoje sanitario a la altura de los racimos, especialmente del lado Este de la hilera. ¿Por qué ese lado? Porque permite aprovechar el sol de la mañana, mejorar aireación y favorecer un secado más rápido.

A partir del envero, si aparecen los primeros síntomas, deberá analizarse la utilización de botriticidas registrados, procurando dirigir correctamente la aplicación hacia la zona del racimo. Y acá vuelvo a un concepto que considero fundamental: si el producto no llega, la enfermedad puede entrar.

CLAVE VI. Una buena pulverización empieza antes de subir al tractor

En campañas con alta presión sanitaria, una pulverizadora mal calibrada puede convertirse en un problema enorme.

Antes de comenzar la etapa crítica conviene revisar:

  • estado de los picos;
  • manómetros;
  • reguladores de presión;
  • uniformidad de aplicación;
  • dosificación;
  • mezcla de productos;
  • rotación de principios activos.

En lo posible, recomiendo trabajar con picos nuevos o en excelente estado.

También tenemos que pensar en la capacidad operativa. Si las ventanas entre lluvias son cortas, no alcanza con saber qué producto usar. Hay que poder cubrir la finca dentro de esa ventana. Por eso considero recomendable tener equipos listos y, dentro de lo posible, contar con stock suficiente para realizar al menos una pulverización completa.

En este tipo de temporadas, la velocidad de respuesta también forma parte del manejo sanitario.

CLAVE VII. Más monitoreo y mejores registros

No podemos manejar una campaña compleja solamente desde la percepción. Necesitamos datos.

Durante los períodos de mayor riesgo, una frecuencia orientativa podría ser:

  • monitoreo cada tres días para peronóspora;
  • monitoreo día por medio para botritis.

Lo ideal es definir previamente puntos o estaciones dentro de la finca y revisarlos siempre bajo un mismo criterio. También tenemos que asegurarnos de que pluviómetros y estaciones meteorológicas estén funcionando correctamente. Y registrar, como mínimo:

  • milímetros de lluvia;
  • fechas de las aplicaciones;
  • principales eventos fenológicos;
  • condiciones de mojado;
  • síntomas observados;
  • productos utilizados.

Cuanto mejor sea el registro, mejores serán las decisiones.

CLAVE VIII. El riego también debe ajustarse

Después de una lluvia importante, no podemos seguir regando como si nada hubiera pasado.

Cuando las precipitaciones superan aproximadamente los 12 milímetros, conviene recalcular los milímetros de riego posteriores.

Esto permite evitar excesos de agua, mantener un manejo más eficiente y reducir problemas asociados a saturación o circulación innecesaria dentro del viñedo.

Una temporada en la que la anticipación vale mucho

Si finalmente enfrentamos una primavera y un verano más húmedos de lo habitual, creo que la principal estrategia será dejar la menor cantidad posible de decisiones libradas a la improvisación.

Preparar callejones. Revisar defensas. Mantener cobertura. Calibrar equipos. Tener productos disponibles. Registrar lluvias. Monitorear. Conocer los momentos de mayor sensibilidad de la vid.

Son muchas decisiones pequeñas que, tomadas a tiempo, pueden evitar problemas mucho más grandes después.

Y hay una frase que para mí resume especialmente bien este tipo de campañas: La enfermedad penetra donde el producto no llega.

Por eso no alcanza con elegir correctamente qué aplicar. Importan también el momento, la cobertura, la calidad de la pulverización y nuestra capacidad para anticiparnos.

Por supuesto, cualquier estrategia fitosanitaria debe realizarse únicamente con productos registrados para vid, respetando dosis, recomendaciones de uso y períodos de carencia hasta cosecha.

La temporada todavía está por delante. La pregunta es: ¿qué podemos empezar a preparar hoy para no tener que correr mañana?

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