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Donde comenzó una pasión: volver al Liceo Agrícola

Volví a mi colegio secundario para compartir una masterclass de poda con los alumnos de 6° año. Un encuentro que me permitió transmitir parte de lo aprendido durante mi carrera como agrónomo y, al mismo tiempo, reencontrarme con el lugar donde comenzó una de las grandes pasiones de mi vida: la viticultura.

Hay regresos que tienen un significado especial. Volver a lugares conocidos y queridos, nos permiten reconocer cuánto de aquel comienzo sigue presente en el camino recorrido.

Hace pocos días tuve la oportunidad de volver al Liceo Agrícola para compartir una masterclass de poda con los alumnos de 6° año. Más que una visita, fue un reencuentro con una parte fundamental de mi historia.

Soy egresado de la Promoción ’88, la última en cursar la secundaria en el tercer piso de la Facultad de Ciencias Económicas (de la UNCuyo). El Liceo todavía no contaba con el edificio propio que hoy conocemos. Las clases se desarrollaban allí y nuestras prácticas de campo tenían lugar en Capacú, el predio del Liceo en Bermejo.

Aquella formación tenía un fuerte componente práctico. Quizás, ese contacto directo con la tierra, los cultivos y el trabajo vitivinícola fue mucho más que parte de una materia: fue el comienzo de una vocación. Y los números de aquella promoción son una muestra de eso. Éramos alrededor de 30 alumnos y aproximadamente el 80% continuó sus estudios en Ciencias Agrarias o Bromatología. Con muchos de aquellos compañeros seguimos encontrándonos y compartiendo, de distintas maneras, el vínculo con la profesión.

Un intercambio que nos enriquece a todos

Claro está que volver al Liceo tiene un significado especial.

Esta vez no volví como aquel estudiante que recorría los pasillos de Ciencias Económicas o se preparaba para sus prácticas en Capacú. Volví como ingeniero agrónomo, para compartir con los alumnos de sexto año una masterclass sobre poda de la vid, una práctica que forma parte de la esencia del manejo vitícola y que requiere conocimiento, observación, experiencia y capacidad para tomar decisiones.

Poder transmitir algo de lo aprendido durante tantos años de trabajo en viñedos es también una manera de devolver parte de todo aquello que alguna vez recibimos.

Porque las vocaciones muchas veces tienen un punto de partida. La mía estuvo, en buena medida, en aquellas aulas, en Capacú, en las prácticas de campo y en aquellas primeras experiencias en bodega. Allí empezó a crecer una pasión por la viticultura que, con los años, se convirtió en profesión, en trabajo y también en una forma de compartir conocimiento.

Hoy, frente a una nueva generación de estudiantes, sentí algo muy simple y muy poderoso: qué lindo es volver al lugar donde comenzó una pasión y compartir algo de todo lo que esa pasión nos enseñó.

Gracias al Liceo Agrícola por la invitación y a los alumnos de 6° año por la escucha, las preguntas y el interés. Para mí fue un verdadero orgullo volver y estar con todos ustedes.

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